Lógicamente, de este modo los espectadores, tanto en televisión como a través de Internet, pueden disfrutar de sus películas o series favoritas sin necesidad de sufrir cortes publicitarios de unos 15 minutos de duración, aun cuando así se sigue consumiendo publicidad de una forma más “sutil”. No en vano, desde hace unos años ésta es una estrategia que están siguiendo también algunas desarrolladoras de videojuegos, que suelen amortizar costes promocionando diversos productos en sus videojuegos.
Así, actualmente ya no resulta nada extraño avanzar por las calles de una ciudad virtual y contemplar carteles publicitarios sobre las azoteas o marquesinas promocionando productos como Axe, o vivir intensos partidos de fútbol con patrocinadores adornando las vallas publicitarias. Incluso compañías como Sony buscan nuevas formas de mejorar las promociones en el sistema online de PlayStation 3. Eso sí, como en el caso del cine, este tipo de publicidad, que para algunos resulta muy efectiva (también hay estudios que dicen lo contrario), debe introducirse en los videojuegos de forma discreta para que el usuario la asimile como parte del producto del que está disfrutando, y no como un pegote puesto sin ningún sentido más allá del meramente publicitario.
Si con este tipo de medidas los usuarios pueden ahorrarse unos euros -los juegos ya rondan los 70 € en Xbox 360 y PlayStation 3-, ésta puede ser una buena forma de seguir creciendo como mercado. Algo que igualmente debería ocurrir en el mundo de la televisión, principalmente para proteger la integridad mental de los espectadores, que no creo que soporten tantas sesiones de anuncios en cadena. Por supuesto, también habría que matizar y profundizar algo más si hablamos de ficción en Internet, ya que no todos los espectadores están dispuestos a aceptar publicidad en este tipo de productos, algo que los creadores de La Hora Chanante y Muchachada Nui saben perfectamente -triunfan en Internet, pero luego no cuentan con audiencias importantes en televisión, y de algún sitio deberán sacar los beneficios si quieren continuar-.
“No vienen a quitarnos el trabajo, vienen a ayudarnos para hacerlo mejor”. De esta forma tan clara, Pau Llopdefendió la figura de los periodistas ciudadanos en una charla que dio en el CEU de Elche.
Como os dije hace unos días, este periodista se encuentra volcado por completo en este fenómeno, primero con su blog personal en el que trata temas relacionados con el Periodismo 3.0; pero también en Bottup, que es uno de los medios ciudadanos más importantes actualmente. Por ello, he optado por fragmentar su conferencia en dos vídeos en los que, por un lado, destaco los aspectos más importantes que trató sobre la figura del periodismo en la actualidad y el papel que juegan los ciudadanos en el proceso informativo, y por otro, aspectos relacionados con la web Bottup.
Ya comenté hace unos días que Javier Penalva y Sergio Pérez Conde visitarían la Universidad Cardenal Herrera Ceu de Elche para hablarnos de sus respectivas carreras profesionales en el mundo de Internet. Aquí os dejo dos vídeos en los que ambos dejan claro que en este mundillo, quien no se mueve ni pone ganas, difícilmente podrá hacerse hueco: quejarse y quedarse de brazos cruzados no es una alternativa.
Cuestión de suerte, de perseverancia, de tener muchas ganas de trabajar en lo que a uno más le gusta o una conjunción de varios factores. Lo importante, a fin de cuentas, es que este apasionado de las últimas tecnologías ha demostrado con su ejemplo que en el mundo de Internet -cada vez más importante como medio informativo-, el éxito puede alcanzarse de la forma más inesperada siempre y cuando, claro está, pongamos también de nuestra parte. Eso sí, los consejos que pueda darnos mañana viernes en la charla que concederá en la UCH CEU serán bien recibidos.
Simplemente se trata de una campaña publicitaria del centro de estudios belga Hogeschool-Universiteit Brussel, que ha decidido promocionar uno de sus principales atractivos, que es el poder cursar en inglés u holandés en un mismo centro el college y la Universidad en un sentido anglosajón (destinada a máster, doctorados, etc.), usando uno de los temas más apasionantes de los últimos meses: la campaña electoral por la nominación demócrata que enfrenta a Barack Obama y Hillary Clinton.
Los videojuegos viven un proceso de expansión sorprendente. Desde hace años, cada vez son más los nuevos usuarios que disfrutan del entretenimiento electrónico, y muchos los que aún se mantienen fieles a este hobby a pesar de los años. Sin embargo, desde diversos ámbitos, entre los que destacan los medios de comunicación, parece no asimilarse del todo bien este crecimiento.
Cualquier aficionado a los videojuegos podría describir con detalle decenas de casos en los que los medios de comunicación han tratado de forma poco ética -un mal tratamiento informativo- los aspectos relacionados con este entretenimiento. Uno de los más recordados, por ejemplo, sería el de Metal Gear Solid y el diazepam que podíamos usar para controlar el pulso del protagonista cuando éste empleaba los rifles de precisión, o el del joven que asesinó a sus padres y hermana pequeña con una katana, según algunos medios, emulando tanto estética como psicológicamente al protagonista de Final Fantasy VIII. Igualmente, no han sido pocas las veces en las que noticias actuales referidas a los videojuegos violentos iban acompañadas en los telediarios por imágenes de títulos tan antiguos como Carmageddon.
Quedarse únicamente con los aspectos que nos convienen es una clara muestra de manipulación informativa. De ahí que resulte poco saludable publicar constantemente informes que critican sin tregua a los videojuegos por fomentar malos hábitos, por su violencia, etc., y luego se obvien declaraciones que abogan por otro tipo de medidas distintas a las prohibiciones.
Los videojuegos ya no son un entretenimiento destinado únicamente a los más pequeños. El mercado ha madurado, el público ha crecido, y por ello es ridículo criticar únicamente a las desarrolladoras de videojuegos por crear títulos con contenidos violentos -destinados a un público adulto-, y no centrarse en otros aspectos como la educación de los jóvenes, o el control que los padres deberían ejercer sobre lo que consumen sus hijos (¿a que a nadie se le ocurriría llevar a un niño de 12 años al cine a ver La Matanza de Texas?). Como demuestra tantadisparidaddeestudios, éste es un mercado que hay que seguir estudiando sin demonizarlo a las primeras de cambio.
Desde aquí sólo pido que los medios de comunicación no se conviertan exclusivamente en los altavoces de individuos como el siguiente: