La información, directa a la cabeza

CybermanNo sé si es por la fiebre o no, pero hoy me ha dado por pensar en cómo podría ser el periodismo en un futuro. Y aunque sin duda mi propuesta (extraída de la magnífica serie Doctor Who) puede resultar de primeras de lo más chocante, no hay más que fijarse en cómo han evolucionado los medios durante estas últimas décadas para ver que aún con todo, no deja de ser una idea más que factible.

Y es que es indudable el papel que han jugado los avances tecnológicos en la mejora de la profesión del periodista, no solo facilitando la labor de los profesionales tanto en aspectos de producción de medios de comunicación como a la hora de vivir el día a día (sobre todo con la llegada de los ordenadores), sino también en otros aspectos más importantes, en mi opinión, como el nacimiento de nuevas formas de comunicación y la apertura de los medios informativos a un gran número de personas, no necesariamente periodistas. De este modo, se pasó de disfrutar de las noticias de última hora en periódicos y revistas, a poder hacerlo a través de medios como el videotex, teletexto o audiotex (artículo que actualicé junto a mis compañeros Brian y Álvaro).

Y si para muchos resultaba sorprendente recibir a través del televisor o los teléfonos fijos datos informativos, más sorprende ahora el papel que juegan los teléfonos móviles: no solo permiten a los periodistas informar desde cualquier lugar sin problema o a los ciudadanos recibir toda la información, en formato multimedia, con una rapidez pasmosa; también los ciudadanos pueden capturar con sus móviles imágenes o vídeos que inmediatamente publican en la red (hay casos recientes muy destacables favorecidos por el empleo de Twitter).

En este punto nace mi visión acerca de las nuevas formas de transmitir información que se usarán en un futuro. Sí, es echar a volar mucho la imaginación y creerme las increíbles aventuras del Doctor Who, pero… si el móvil se usa para casi todo y ya es una herramienta fundamental en el mundo del periodismo (y lo que queda por sacarle de provecho), ¿por qué no transmitir directamente la información a la cabeza de las personas? Un simple dispositivo electrónico situado en la oreja se encargaría de enviar al cerebro, en horas muy concretas, las últimas noticias. En cuestión de segundos, nuestro cerebro se actualizaría con todos los datos novedosos habidos y por haber.

Dejando a un lado los posibles usos malignos que alguna gran corporación pudiera hacer de este sistema (como convertir a las personas en zombis), también es cierto que se pierde el encanto de ojear, releer y decidir por uno mismo los temas de los que quiere informarse. En estos casos, como el papel parece que cada vez más pierde la buena imagen que tenía antaño, y no a todo el mundo le gusta mantenerse informado a través de un móvil, existe una solución intermedia: el e-papel. El híbrido perfecto entre la sensación de tener un diario de papel entre las manos y hacerlo con la información más actual al instante (amén de ahorrar ingentes cantidades de papel).

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